España también pueda aportar su granito de arena en cuanto a gestión financiera se refiere. Hace unos días, el prestigioso semanario The Economist ponía al Banco de España como ejemplo frente a la crisis financiera. Esta es la valoración que hacía la revista británica en un amplio informe sobre la situación de la banca internacional y que publicaba bajo el título Paraíso perdido. Además, según los últimos resultados trimestrales el Santander y BBVA han sido los únicos bancos europeos que han incrementado su beneficio. En efecto, los primeros dieciséis bancos europeos por valor de mercado de hace un año han visto reducido su valor conjunto en casi un 30%. Como observamos según estos resultados, los grandes bancos españoles demuestran una vez más el éxito de su modelo de gestión sobre la mayor parte de sus competidores europeos. Con estas líneas queremos dar las gracias a los elogios del semanario británico hacia al Banco de España. Pero no nos lo creamos demasiado y no bajemos la guardia porque mucho me temo que faltan todavía unos meses para ver realmente cómo está la salud bancaria española.
Con todo, la tempestad financiera no se va de la escena. No dejo de leer noticias que ahondan en la pérdida de confianza en el sistema financiero, en la inestabilidad del mismo, en que la economía española sigue deteriorándose, en definitiva que vivimos una situación económica, al menos, de incertidumbre. Todos nos hacemos eco del momento de desaceleración económica que vivimos y que empieza a trasladarse ya a las empresas. Y si no que se lo pregunten a las empresas del IBEX 35 que aunque presentan beneficios, empieza a disminuir del 17% frente al 32% de hace un año. No nos olvidemos de que los problemas reales a los que nos enfrentamos concretamente en España no son otros que la caída y destrucción de empleo y su repercusión en el consumo.
Las voces internacionales nos recalcan el mismo tipo de mensajes.George Soros aseguraba en una entrevista que la crisis del sistema es la causante del problema financiero actual y que para ello los bancos centrales deben aprender a prevenir las burbujas financieras, aunque hagan falta intervenciones de emergencia. Con todo, las turbulencias continuarán y así lo anunciaba también Joseph Stiglitz, Premio Nobel de Economía en 2001, quien se declaraba muy pesimista sobre las repercusiones de la evolución de la crisis en EE UU y duda sobre un fin próximo de las turbulencias. Seguiremos expectativos a la espera de nuevas pérdidas adicionales a la situación en la que estamos inmersos.


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